No me parezco a nadie,

ni a mi padre,ni a mi madre.

Ni a mi hermana,ni a mi hermano.

Sólo a mí.

Al haz de luz que recorre mis venas dormidas.

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No me parezco a nadie. Sólo a mi propia sangre.

No me parezco a ti.

A tu odio que destruye las sonrisas inquietas de amor,

entre nosotros dos.

No me pareceré a ti porque guardas en tu lengua mordaz y venenosa rasgos de tu putrefacta alma.

No me verás nunca, ni me encontrarás. Será tu alegría descubrir que sólo dejaré el vaho de mi esencia en tu castillo infernal.

No me lastimarás más con tu energía negativa, aunque quieras ya no me lastimarás.

Eres un león que rasga su propia carne con maldad.

El veneno será para ti. No para mí.

© Sandra M. Vizconde Zevallos.

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